Aunque hemos empezado más tarde que en otros países de nuestro entorno, sin duda el autoconsumo fotovoltaico en la industria ha venido para quedarse. Un auténtico Boom. Y es que producir la energía eléctrica que necesitamos es una inversión rentable que aporta valor tangible e intangible a la industria, es decir, rentabilidad económica y reconocimiento social.

Ningún momento fue tan favorable para su posible implantación como lo es ahora, y son varios los motivos:

  • Jamás desde las diferentes Administraciones se potenció tanto el autoconsumo eléctrico.
  • Nunca hubo mayor concienciación ciudadana del desastre de la huella contaminante en la casa común llamada Tierra.
  • Jamás la industria de paneles fotovoltaicos tuvo una mejor relación eficiencia/durabilidad/precio.

Tiene un único inconveniente: necesita espacio físico soleado en dónde instalar las placas fotovoltaicas, bien sea la cubierta de una nave industrial, terrazas, aparcamientos, jardines, terrenos, etc.  El resto son ventajas.

Para explicar esas ventajas, utilizaremos tres criterios relacionados entre sí.

1) Criterio económico:

La dependencia energética es un freno a la competitividad. En una economía global en donde el margen de maniobra para abaratar costes es escaso, la factura eléctrica junto con los costes de personal suelen ser los gastos más importantes. Un gasto que, además, queda fuera del control y la buena gestión empresarial. Con la instalación de una planta fotovoltaica la industria consigue:

  1. Control e independencia de las fluctuaciones del mercado energético: nos abastecernos de la energía que producimos.
  2. Seguridad en el suministro: aparte de la energía producida, seguimos conectados a la Red y, en caso de necesitarla, se puede recurrir a electricidad convencional.
  3. Compensación económica: se podrán inyectar en la Red los excedentes de electricidad producida y no consumida para compensar su valor con la que tomamos de la Red por la noche, por ejemplo, cuando la planta fotovoltaica no está produciendo.
  4. Amortización de la inversión: dependiendo del gasto energético de la industria, la amortización de una planta fotovoltaica para autoconsumo se produce en 4-6 años. Y a partir de ahí, la energía es gratuita e inagotable. La vida media garantizada de los paneles fotovoltaicos es de 25 años y los gastos de mantenimiento son mínimos.

2) Criterios medioambientales:

El cambio climático es un hecho y cada vez mayor la concienciación en cuanto a la nula sostenibilidad del modelo actual. El modelo energético está obsoleto, hay que abordar el cambio sí o sí y, como se ha dicho al principio, es el momento. Posiblemente se pueda esperar un tiempo, pero es tiempo perdido porque todos los caminos conducen a las energías renovables. Los consumidores están interesados en saber cómo han sido fabricados los productos que compran, básicamente si han generado contaminación, y para la industria supone un valor añadido reflejar en su etiquetado el uso de energía limpia.

La energía fotovoltaica es limpia, sostenible, e inagotable. Sol y silicio. Esa es la base. En nuestro país y concretamente en Andalucía, con una media de más de 2.800 horas de sol anuales, es la fuente de energía renovable por excelencia.

3) Criterios legales y administrativos:

El 6 de octubre de 2.018 se publicó el RD 15/2018 de medidas urgentes para la transición energética y la protección de los consumidores; el 6 de abril de 2.019 lo hizo el RD 244/ 2019 por el que se regulan las condiciones administrativas, técnicas y económicas del autoconsumo de energía eléctrica.

Con estas dos normas como eje principal y otras complementarias desarrolladas por las Comunidades Autónomas, desde la Administración se ha puesto “la alfombra roja” para que la industria se suba al carro del autoconsumo fotovoltaico.

El cambio de modelo es evidente, y no solo en la transición de energías de origen fósil a las renovables. Pasamos de un sistema centralizado, con mega centrales productoras de energía, a un modelo distribuido en el que cada industria produce la suya, y para ello se eliminan un buen número de trabas administrativas. Los trámites se simplifican y la Administración tiene una colaboración activa. Evidentemente, va a depender del tamaño de la instalación fotovoltaica, la normativa distingue entre instalaciones fotovoltaicas mayores y menores de 100KW, pero en cualquier caso, simplificación y colaboración.

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